TRINIDAD DE CUBA COMO CIUDAD ARTESANAL DEL CONSEJO MUNDIAL DE ARTESANÍAS. ARGUMENTACIÓN

TRINIDAD DE CUBA COMO CIUDAD ARTESANAL DEL CONSEJO MUNDIAL DE ARTESANÍAS. ARGUMENTACIÓN

Cristina González Béquer
  • Convento San Francisco, vista general de la ciudad
    Convento San Francisco, vista general de la ciudad
  • Talleres de manualidades
    Talleres de manualidades
  • Feria de artesanía en la calle
    Feria de artesanía en la calle
  • Exposición piezas de dos siglos
    Exposición piezas de dos siglos

La presencia de una tradición artesanal notable en Trinidad de Cuba – parte de la central y sureña provincia de Sancti Spiritus -, está indisolublemente ligada a su historia y a su condición de tercera villa fundada en la isla por los conquistadores españoles, en el año de 1514. Es decir, que acaba de celebrar su medio milenio de existencia en el año 2014.

La noticia más antigua que se ha llegado a conocer sobre el tema de las manualidades se encuentra en un documento fechado en 1520 cuando un mercader asentado en la villa recibe como pago 4 700 maravedíes por un tejido de terciopelo traído desde Sevilla. Más tarde, en 1587, aparece un anuncio: «un vecino de la villa nombrado Cristóbal Martel ofrece mercadería propia para obras de lencería, cordones de seda, botones, cintas, hilos y agujas». Se trata del primer indicio sobre la presencia de labores manuales en el área. Labores de aguja.

Hay que tener en cuenta que desde 1518, sólo cuatro años después de fundada, Hernán Cortés había dejado prácticamente despoblada la zona cuando reclutó a sus habitantes camino de la conquista de México, y que, hacia 1570, Trinidad comenzaba a repoblarse mientras en el Caribe se iba instalando una intensa circulación ilícita —comercio de contrabando— que resultaba una alternativa a las disposiciones españolas que imponían el monopolio comercial. Por ese mar llegarían a Trinidad el café, la caña de azúcar y hasta la imagen del crucificado que aún se venera. Con destinatario, pero sin remitente: también así llegarían las labores manuales y los saberes que las acompañan.

Para ser autosuficientes en su aislamiento, debieron adquirir oficios y habilidades y de esa manera enfrentar las necesidades más perentorias. Así vivirían hasta la mitad del siglo XVIII en que comenzó a desarrollarse en la zona el cultivo y procesamiento de la caña de azúcar. Este desarrollo se mantendría a través de la primera mitad del siglo XIX, en que la Villa de la Santísima Trinidad se va a transformar en una ciudad próspera, cuya historia y legado arquitectónico le valdrían la condición de Patrimonio de la Humanidad en 1988.

Pero entre la opulencia y la condición concedida por la Unesco, Trinidad debió enfrentar un siglo de desolación y penuria económica a causa de las condiciones del suelo sobre-explotado; la falta de un puerto idóneo para el comercio; la competencia de la recién fundada Cienfuegos (dueña de abundantes tierras fértiles y de un puerto inigualable): y alguna que otra crisis mundial. Entonces retornaría a su primigenio aislamiento geográfico. Llegado el siglo XX, solamente un sobreviviente ferrocarril y algunas embarcaciones de vapor permitían a sus moradores la más elemental comunicación.

Serían los oficios el medio de subsistencia de muchos de sus hombres y mujeres, y serían las manualidades el refugio espiritual y único ejercicio de belleza que tendrían a la mano para acompañar la existencia y conjurar su esterilidad. Las labores de aguja permanecieron intactas, preservadas en el interior de las viviendas y heredadas de una a otra generación. Ellas serían parte de la vida cotidiana de sus mujeres para siempre. 

Del siglo XIX se conservan hermosos exponentes de lencería en los abundantes museos de la localidad, por su parte un texto literario recogería la siguiente noticia: “un pañuelito primorosamente bordado en Trinidad por María Lema Insúa, obtuvo Medalla de Oro en la Exposición Universal de París de 1867”.  Era un pañuelito bordado en el patrón de randa (deshilado) conocido como “baraúnda” y el bordado reproducía la silueta de uno de los pabellones europeos en la Exposición.

Las randas se hacen interesante por la variedad de dibujos y sus denominaciones, lo que provoca que se conserve en Trinidad una lexicografía local utilizada por las bordadoras desde tiempos remotos, para reconocer los bordados realizados sobre los deshilados: “la barahúnda, la semillita de melón, la cáscara de piña, el farolito, la regañona…etc”, Curiosamente, ese léxico, que no es más que la presencia de la tradición en todos los aspectos de la vida y la cultura trinitarias, ha sobrevivido con ligeras variaciones.

La randa puede ser la reina de las labores de lencería, pero no ha sido la única: los bordados y los tejidos de aguja se presentan allí en una diversidad inabarcable, siguen siendo parte de la vida y constituyen una fuente de ingresos apreciable para los moradores en los ámbitos rural y urbano. A partir del desarrollo turístico que ha tenido lugar en Trinidad de Cuba desde la década de los años noventa del siglo veinte, muchos hombres han asumido también las labores de bordado, Algunos comenzaron colaborando con sus esposas, madres y hermanas en la tarea del deshilado, para la que se necesita una visión saludable y, después, aprendieron el proceso de bordado sobre deshilado, las llamadas randas, en su totalidad.  La mayoría de estos hombres simultanean su vida de artesanos con muy diversas profesiones que van desde la medicina a la actividad militar.

Las piezas elaboradas por los artesanos de la aguja, tienen, como ocurre con casi toda la producción manual, destinos utilitarios y destinos ornamentales y, casi siempre, ambos, porque las piezas artesanales no pueden enajenarse de su función natural de uso, y tampoco de su condición de portadoras de valores culturales y estéticos,  Las piezas elaboradas por las bordadoras y tejedoras trinitarias, llevan consigo toda la carga histórica propia de las más auténticas tradiciones, lo cual incluye lo mismo el uso tradicional  en la vida cotidiana a lo largo del tiempo, que los valores formales y cualitativos que el devenir del “saber hacer” y el oficio les han conferido.

Una de las dificultades que los artesanos de la aguja han tenido que enfrentar a lo largo de los últimos cincuenta y tantos años, ha sido la ausencia de las materias primas que se requieren para los trabajos de bordado y tejido, como son las telas (sobre todo las de lino que parecían imprescindibles para las técnicas del deshilado) y la variedad de hilos que deciden la calidad y la perfección de los tejidos de frivolité y bolillo.  El aliento creativo de estas y estos creadores los han hecho deshilar lo que podría considerarse indeshilable y utilizar las más diversas variedades de hilos, casi nunca las idóneas, los que se han podido obtener a lo largo del tiempo en que el bloqueo comercial, económico y financiero de los Estados Unidos contra Cuba ha impedido vivir en la isla una vida normal.

Los receptores naturales de las piezas artesanales en Trinidad lo han sido, en primera instancia los propios artesanos y sus vecinos, teniendo en cuenta que su creación surge de las propias necesidades que le imponen su vida y la de sus conciudadanos. Sin embargo, al paso del tiempo, el mismo tiempo que le ha otorgado un valor añadido de carácter comercial, ha diversificado su público y, en el caso de Trinidad (uno de los primeros polos turísticos del país), es la presencia del turismo la que demanda en proporciones más significativas el producto artesanal local. Tiendas y ferias de artesanía, junto a los valores arquitectónicos e históricos de la localidad, constituyen un foco de atracción considerable para los visitantes de todo el planeta.

Es el Fondo Cubano de Bienes Culturales, institución creada por el Ministerio de Cultura de Cuba en 1978, el encargado de la comercialización de las artesanías en la isla. Son las tiendas, las ferias y los eventos comerciales de esa institución las encargadas del proceso de selección y venta de la mayoría de los bordados trinitarios. La presencia de los artesanos trinitarios de la aguja en la Feria Internacional de Artesanía (principal evento organizado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales) nunca pasa inadvertida para el público nacional e internacional.  Es la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, organización profesional sin ánimo de lucro, la instancia que reúne y protege a los artesanos y a sus obras. Pero, desde la aprobación de nuevas formas de gestión laboral y comercial en la isla, los artesanos cubanos pueden optar también por el ejercicio del trabajo por cuenta propia y vender en sus casas, lo que incluye a bordadores y tejedores en la zona de Trinidad. De manera que hoy en día las estadísticas de artesanos en ejercicio se complejiza y abarca varias modalidades de gestión.  

Los artesanos miembros de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, forman parte del Registro de Creadores del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, lo que les confiere el status laboral de artistas independientes. Este status garantiza sus derechos laborales, seguridad social y jubilación, como ocurre con todos los trabajadores en la nación. Las leyes vigentes en Cuba para el ejercicio del trabajo por cuenta propia ofrecen hoy también esos derechos, por lo que, sea cual fuere la condición laboral que los artesanos elijan, están incluidos en la legislación.

La Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) está integrada en la ciudad de Trinidad por 181 miembros, de los cuales 71 están dentro de la Sección de Textiles (una de nueve secciones), La misma Sección, en el Fondo de Bienes Culturales comprende 131 artesanos.  En la zona rural, en el área del antiguo ingenio Manaca-Iznaga, 32 familias basan hoy en día su economía en la comercialización de labores textiles tradicionales, dentro del Proyecto de Desarrollo local de las Artes Visuales, de la Dirección local de Cultura. En virtud de las nuevas legislaciones, en los registros del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social existen hoy en día 149 trabajadores por cuenta propia acogidos a la patente de “modistas y sastres” y  206 lo están en la de “bordadores y tejedores del Proyecto de Artes Visuales”. Todos son artesanos de la aguja.

La formación de los artesanos en el área, fue tradicionalmente un asunto de transmisión oral dentro del ámbito familiar.  Sin embargo, se han realizado esfuerzos institucionales en los últimos treinta años (alrededor de la declaración de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad y del desarrollo turístico) y se han organizado cursos, proyectos comunitarios y otras formas de socialización de los conocimientos de las técnicas artesanales.

Entre los proyectos formadores y legitimadores del trabajo artesanal, hoy en día, se destaca el Taller de Manualidades Siempre a mano, que realiza ciclos de aprendizaje y perfeccionamiento de varias técnicas de bordado, conducido por la artista artesana Mary Viciedo, portadora, por su origen familiar, de la valiosa tradición canaria. La pintora trinitaria, Yudit Vidal Faife, ha incorporado a su obra pictórica los elementos de la lencería local, dentro del proyecto Entre alas, hilos y pinceles, que agrupa a veinte artesanas, con resultados de gran valor estético. 

Con frecuencia anual, la ACAA organiza su Salón de Artesanías, que selecciona y premia los mejores trabajos.  En el año 2000 la Oficina del Conservador de Trinidad organizó el primer Taller de tejedoras y bordadoras, en los que han compartido experiencias bordadoras trinitarias, cubanas y de diversas procedencias iberoamericanas.  En Trinidad se han celebrado Ferias Regionales (FERARTE), que, alternando la sede entre varias ciudades, han reunido a creadores de las cuatro provincias centrales. Estas Ferias han servido para seleccionar los trabajos que luego merecerán estar presentes en las diversas Ferias del FCBC, como FIART, Arte para Mamá y Arte en la Rampa.  Los reconocimientos recibidos en estos eventos locales y regionales, y los seis Premios a la Maestría Artesanal que el Fondo Cubano de Bienes Culturales concediera a otras tantas bordadoras trinitarias en el año 2005, dieron lugar al desarrollo del Proyecto Agujas de Trinidad, organizado por el propio FCBC con el patrocinio de la Unesco, y al reconocimiento de la artesana trinitaria, hoy desaparecida, Teresa Toscano, con un Premio a la Excelencia Artesanal,  condición que otorga esa instancia de Naciones Unidas.

La emisora local Radio Trinidad, sistemáticamente cubre todos los eventos dedicados a la legitimación de la artesanía y los artesanos, lo mismo que ocurre con el periódico Escambray. El telecanal Centro Visión Yayabo tiene una especialista dedicada al tema, que ha realizado ya cientos de videos y menciones de los artesanos y sus obras para esa planta, que luego son divulgados por Cubavisión Internacional, canal con cobertura satelital mundial. Los eventos realizados en la localidad o en el nivel regional han estado acompañados de jornadas, coloquios y conferencias sobre estas materias y la Filial Universitaria Municipal (FIM) ha orientado tesis de grado que incluyen investigaciones de gran valor científico. La FIM supervisa metodológicamente los Talleres de la profesora Mary Viciedo y otorga certificados a sus participantes. Estos talleres también están avalados por la Oficina del Conservador de la Ciudad.

La bibliografía sobre Trinidad de todos los tiempos es testigo del efecto que los productos artesanales trinitarios han causado en escritores, historiadores y toda suerte de visitantes curiosos. El prestigioso historiador cubano Gerardo Castellanos en su libro Trinidad la Secular y la Revolucionaria, la investigadora Anita Arroyo, en su libro seminal Las Artes Industriales en Cuba el escritor cubano José Antonio Ramos en su novela Caniquí, la etnóloga Lydia Cabrera en el prólogo del libro Trinidad de Cuba, del autor camagüeyano Esteban de Varona, dieron cuenta de cuánto allí vieron en este sentido.  Los dos historiadores trinitarios desaparecidos Francisco Marín Villafuerte y Manuel de J. Béquer, incluyen estos conocimientos en sus respectivos libros, y los sitúan entre las cuestiones que merecen ser historiadas y estudiadas en la localidad. 

En el año 2014, en que se celebró el 500 aniversario de la fundación de la Villa de la Santísima Trinidad (su nombre original), se realizó un coloquio sobre múltiples aspectos de la cultura trinitaria, con la participación de investigadores de todo el país,. Allí los temas relacionados con las artesanías locales tuvieron su lugar. El libro Hecho a mano en Trinidad de Cuba, de la autoría de Cristina González Béquer, vio la luz en la ciudad de Nueva York, también con motivo de la celebración del medio milenio de existencia de la ciudad. Trabajos sustanciales de los investigadores Teresita Angelbello y Carlos Enrique Sotolongo, permanecen inéditos, aunque algunos están al alcance de los investigadores en el Centro de Documentación Manuel de J.  Béquer radicado en el Museo Romántico de la localidad.

La Oficina del Conservador de la Ciudad, al conocer el propósito de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) de presentar la postulación de Trinidad de Cuba como Ciudad Artesanal, ofreció el siguiente criterio: La larga historia de esta manifestación en Trinidad, sin lugar a dudas, la convierte en un referente a escala del país, y un ejemplo a seguir para muchos pueblos de nuestra América. Varias decenas de mujeres y hombres, estos últimos rompiendo viejos esquemas que atribuían exclusivamente a la mujer estas labores, desarrollan su trabajo para un turismo que, cada día más, reclama de las excelentes prendas salidas de sus hábiles manos.

La Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) hace suya esta y tantas opiniones sobre la presencia en Trinidad de Cuba de una auténtica tradición textil mantenida por cinco siglos de práctica vital y parte inseparable de su idiosincrasia y su cultura, para solicitar le sea concedida a esta Villa primigenia (la tercera fundada por Diego Velázquez en la mayor de las Antillas) la condición de Ciudad Artesanal.

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