(Re)-pensar la artesanía

(Re)-pensar la artesanía

Cristina González Béquer
  • El calzado femenino abarca los gustos más refinados. Foto: Susana Tesoro/ Cubadebate.
    El calzado femenino abarca los gustos más refinados. Foto: Susana Tesoro/ Cubadebate.

Otro verano. Otra edición de Arte en la Rampa. Otra vez los cubanos y cubanas fascinados por los estantes dedicados al calzado.  De nuevo el regocijo por las novedades. Las novedades, esa es la cuestión.

En eso consiste la sustancia del calzado hecho a mano.  Me han tocado vivir diferentes etapas del comercio de bienes de consumo. Desde Trinidad encargaban, por catálogo, mis zapatos ortopédicos a La Habana. Zapatos industriales, fabricados en serie, todos con el mismo soporte estandarizado, todos con el mismo lacito.

Existían en el mercado, desde siempre, zapatos industriales y zapatos hechos a mano.  Los elegantes de mi tiempo usaban zapatos hechos a mano. Eso significaba modelo exclusivo, pieles de primera, corte perfecto. Y diseño.

Así ha sido, y así es.  Hubo un tiempo tremendo, en que la Industria Ligera era responsable de garantizar un par de zapatos a cada cubano, por la libreta.  Y todos nos pusimos los mismos zapatos, el mismo modelo, la misma ampolla en el contrafuerte. Estábamos condenados a uniformidad perpetua.

Pero alguien, en medio de los avatares de la producción en serie, pensó en que teníamos derecho, al menos las mujeres, a aspirar a la exclusividad: quinceañeras, novias, damitas en general, con su libreta, podían encargar zapatos hechos a mano en una tienda llamada Primor, que estaba en Belascoaín.

Tengo la pretensión, cuando ya no pueda leer y escribir, cuando claudique definitivamente mi visión, de sentarme en los parques de La Habana a contarles a los jóvenes y a los no tan jóvenes que todo lo que en el mundo ha sido se repite cíclicamente aunque no exactamente, algo varía cada vez.  La espiral del desarrollo, podríamos decir.

Y eso ocurre con el calzado en la Cuba de hoy, y hay que razonar que los artesanos que hacen sus zapatos manualmente son los artífices de la exclusividad. Esa variedad infinita no puede sostenerse en un proceso industrial.

Esa simple realidad, motiva decenas de confusiones, a veces no solamente en los zapatos, también ocurre con otras producciones utilitarias. No todas las artesanías se comportan idénticamente: las hay más numerosas, y las hay más exclusivas. Las hay destinadas a cubrir nichos de consumo, aunque nunca millonario, y las hay que surgen de una creatividad verdaderamente artística. Pueden perfectamente convivir ambas en un mismo entorno.

Anclados entre un conjunto de las definiciones que acompañan a la «producción manual», muchos profesionales siguen empeñados en desentrañar la dicotomía artesanía—industria; o se conforman con aquello de que «la artesanía se refiere tanto al trabajo del artesano como al objeto o producto obtenido, en que cada pieza es distinta de las demás» o «es un producto de identidad cultural hecho por procesos manuales continuos auxiliados por instrumentos rudimentarios y por algunos de función mecánica que aligeren ciertas tareas».

También se manejan ideas como que «el dominio de la tradición permite al artesano crear objetos cargados de valores simbólicos e ideológicos locales» y que «la artesanía puede ser un producto duradero o efímero cuya función original está determinada en el nivel social y cultural», o «que puede destinarse al uso doméstico, ceremonial, decorativo o como implemento de trabajo…».

Un poco de verdad hay en todas esas definiciones, pero, en la medida en que la razón social y cultural de la producción artesanal se complejiza y se diversifica, se van imponiendo nuevos aspectos que deberían ser incluidos en cualquier reflexión que intente profundizar en ese campo del conocimiento.

Para muchas personas la artesanía es un término medio entre el diseño y el arte. Para otros es una continuación de los oficios tradicionales, en los que la estética tiene un papel destacado, pero en que el sentido práctico del objeto elaborado es también importante. Se menciona asimismo la competencia con los productos industriales de bajo costo, parecidos a los objetos artesanales, perocon menor precio y calidad.

El hecho de que la artesanía sea una expresión cuyos cimientos descansan en las tradiciones de una comunidad; que su base sea la transmisión del conocimiento a través de generaciones, y que muchas veces esa transmisión ocurra de forma oral, la coloca dentro del arte popular y, en casos notables, en el exigente dominio del patrimonio inmaterial.

Es una verdad indiscutible que la artesanía, o el quehacer artesanal, produce bienes comercializables, y que, por lo tanto, algunos de los que rodean estos procesos  la ven, la piensan, la trabajan y toman decisiones alrededor del mercado artesanal sin dedicarle tiempo ni reflexión a los aspectos culturales y profundamente antropológicos que rodean el asunto.

Existen muchas interrogantes que, aunque podrían añadir valores y aportar nuevas respuestas y conceptos a las reflexiones sobre el tema — incluyendo los enfoques promocionales y las estrategias comerciales que se aplican al producto artesanal— no parecen ocupar a muchos. Veamos algunas:

  • ¿Debe la artesanía vivir ajena a la rutina cultural y social de la nación?
  • Qué es más importante: ¿el objeto artesanal, los procesos creativos o el creador mismo?
  • La legislación que afecta la vida y la obra de los artesanos ¿Ha estado sujeta a estudio y profundización como otras legislaciones?
  • ¿En qué medida ayuda la capacitación del artesano, más allá de los saberes heredados, a la optimización de la creación?
  • ¿Son los propios artesanos los más indicados para enjuiciar la creación artesanal?
  • ¿Qué efecto provocan las prácticas ingenuas o  no razonadas del mercado en la calidad de la artesanía?
  • ¿Cómo comunica un artesano su conocimiento, profundamente interiorizado a través de la práctica?
  • ¿Cuál es el valor de la artesanía para el ejercicio y el desarrollo de la cultura de los individuos y de la sociedad?
  • ¿Es eficaz, pertinente y suficiente el trabajo institucional que se realiza en nuestro medio para legitimar y desarrollar a los artesanos y sus obras?
  • ¿Se enseña en Cuba la manera de acercarse críticamente a la creación artesanal?
  • ¿Quién se encarga de jerarquizar la creación de los artesanos cubanos?
  • ¿Cuáles son las premisas para encauzar el futuro de los artesanos y de  lalabor artesanal?

Aventurarse en afirmaciones o cuestionamientos apriorísticos y simplificadores puede resultar engañoso. Se necesitan estudiosos de la creación artesanal que encuentren respuesta a estas interrogantes o que adicionen inquietudes y preguntas para incluir en este listado. Se avanzaría con ello, al menos, una pequeña porción del desierto camino que, todo parece indicar, está por transitarse.

Actividad cultural humana, creación artística, fuente de trabajo, legado de tradiciones, vehículo de disfrute estético,facilitador de la cotidianidad, productor de recursos económicos, sustituto de producciones industriales inexistentes en nuestro medio; entre otros rasgos distintivos, el trabajo de nuestros artesanos merece un poco de razonamiento y de conceptualización. Solamente hace falta tomar conciencia,y comenzar a pensar.

Fuente: Cubadebate

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